“Kitsungi”

“Kitsungi”

 

En ese estanque lloré

hasta secar todos los juncos.

Lloré al amor,

lloré a la muerte.

 

Y cada naranjo,

cada piedra

cada alma

y cada hiedra del gran jardín

se convirtieron en un bálsamo

para mis arañas.

 

Oro fundido introducido

entre mis grietas.

 

Me convertí en un jarrón perfecto,

de tierra y sangre.

A.

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